Adiós querida amiga, adiós para siempre.
Quiero despedirme con un par de líneas de una amiga.
Se marchó el jueves ocho de marzo para no volver jamás, no había pasado un año desde que entró en mi vida y ya se ha ido para siempre, ahora vive en Valencia, a doscientos kilómetros de mi vida. Tan lejos y tan cerca, nada volverá a ser como antes querida amiga.
Quiero despedirme con un par de líneas de una amiga.
Se marchó el jueves ocho de marzo para no volver jamás, no había pasado un año desde que entró en mi vida y ya se ha ido para siempre, ahora vive en Valencia, a doscientos kilómetros de mi vida. Tan lejos y tan cerca, nada volverá a ser como antes querida amiga.
El siete del mes que viene sería nuestro aniversario, al aniversario de nuestro primer paseo juntos, uno de tantos cientos que vinieron después, un aniversario que no se celebrará nunca.
Era especial, en realidad ambos pensamos que estaríamos muchos años juntos, pero no fue así, por causa o destino hoy no estoy a su lado, sé que es culpa mía, debería haber sabido reaccionar a tiempo, a no ser tan caprichoso.
Recuerdo la primera vez que salimos a pasear, parece que fue ayer. No teníamos destino, ni prisa alguna, por no tener no teníamos apenas dinero encima, no nos esperaba nadie en ninguna parte, a nadie a quien darle explicaciones y motivos, no teníamos ni la confianza suficiente el uno en el otro, éramos completos desconocidos, pero ninguno de los dos quería que aquella tarde terminara y regresar a casa.
Llenamos el depósito y sin mirar la vista atrás desaparecimos hasta cansarnos de conducir y paramos a refrescarnos. Casualmente aparecimos en la playa, y nos detuvimos sin nada más mirando en silencio el mar. No hizo falta hablar. Recuerdo aquel siete de abril, solo se escuchaba el romper de las olas, y nada fue capaz de romper la belleza de aquel silencio. El tiempo pasó lento como una manada de elefantes, ella no dejó de mirar al horizonte. Atardeció tras un par de pitillos, empezaba a refrescar, nos cogimos de las manos y regresamos a casa. Para que negarlo, se pasó por mi mente que estábamos hechos el uno para el otro, como en casi todas las historias de amor, esta sucumbió también y acabó en tragedia. Otra apareció en mi vida, la vendí por 5000 cochinos euros y me he comprado otra moto nueva, la Honda CB600F Hornet, con dos cojones, pero el amor es así.