jueves, 23 de octubre de 2008

¿Estamos programados para amar?

El amor es un sentimiento paradójico, es éxtasis y tormento. Los filósofos, la literatura, el cine, no han dejado de hablar de él en un intento de expresarlo, algo demasiado complicado para los seres que sienten, pero los que piensan, los científicos, le han dado al amor una nueva dimensión adecuada a la época que vivimos, una reacción bioquímica, fundamentada en una base biológica, de alguna forma, estas cabezas pensantes han deducido que estamos programados para amar dado que nuestros sentidos son una puerta de entrada a todo lo que sucede fuera de nuestro cuerpo, con el amor pasa lo mismo, se cuela por las rendijas de nuestro ser, una vez dentro comienza una formidable guerra química y hormonal que provoca la alquimia del amor, una magia corporal que se escapa de toda lógica para el que la padece y le hace cometer los actos más nobles y al mismo tiempo las estupideces más grandes.
Se pueden diferenciar varios tipos de amor, etapas diferentes con síntomas distintos, la química del amor, en una primera etapa es como si el cuerpo humano segregara una especie de “anfetaminas” cuando nos enamoramos, ese flechazo que tanta vida nos da, ese deseo ardiente, incontrolable, que se une a la testosterona, luego ese flechazo tiende a evolucionar o desaparecer, un amor romántico pasa a ser un amor de complicidad emocional. La atracción y el romance están relacionados con niveles elevados de dopamina y norepinefrina y bajos de serotonina y ese vínculo y la atracción evoluciona hacia una relación calmada, duradera y segura tienen que ver con la oxitocina y la vasopresina. Al enamorarnos como locos en realidad nos enamoramos como idiotas, víctimas de las drogas de nuestro cuerpo, cambios físicos y psicológicos en nuestro organismo nos hacen sentir ese amor.
Yo pensaba que solo eran algunos afortunados, pero creo que todos nosotros tenemos una especie de radar invisible que envía y recibe señales y permite el intercambio entre dos personas aún antes de hablar. Lenguaje corporal, miradas, el pulso se altera, el olor del cuerpo y cambios de actitud, de la forma de ser de cada uno, conductas que si nos paramos a pensar detenidamente son procesos meramente primarios, conductas básicamente animales, cambios biológicos, químicos y psicológicos que no podemos controlar. En esta primera etapa manda el instinto de conservación de la especie, digamos que el amor surge como una necesidad de conservación de la especie humana, como si el fin último que se persigue con la atracción sexual y la pasión sea procrear.
El enamoramiento es una etapa de deslumbramiento, es frenético, hasta irracional, unido a una atracción física, que hace que se cree una idealización. Cada uno ve en el otro su ideal y se ve a si mismo reflejado. Es una situación fantástica, estimulante y mágica que se retroalimenta: “amo a algo perfecto quien me devuelve una imagen perfecta de mí mismo”. Esto es necesario para que ambas personas se mantengan unidas durante un proceso de conocimiento mutuo, tal vez termine en discusión y cada uno siga su camino por su cuenta en busca de otro amor, o puede desemboque en amor maduro. Esta es la fase más segura y racional, en la cual no se pierde lo pasional, se modifica a otro campo distinto, a un siguiente nivel. Es una fase de intimidad, convivir desarrolla esa intimidad. Es necesario buscar en la pareja amistad, sinceridad, simpatía, ternura, intereses comunes, compañerismo… un sin fin de cosas imprescindibles para desarrollar la intimidad necesaria para garantizar que continúe ese vínculo de pareja. Se ama al otro como es: un ser real e imperfecto, con defectos y virtudes. Desde ese momento se está capacitado para tomar decisiones que impliquen un mayor compromiso. Científicamente en esta etapa de "amor maduro” cambia la bioquímica cerebral, en lugar de "anfetaminas" el cerebro segrega "narcóticos": Oxitocina, Endomorfinas y las Encefalinas que dan a las personas seguridad, calma y paz espiritual. Esto reduce la pasión. Estas sustancias crean la sensación de seguridad, tranquilidad, paz… que nos hace mantener relaciones por largos años, siempre y cuando ambos sean capaces de adecuarse a esos cambios, y los dos al mismo tiempo, si no es así, si uno no tiene la misa química actuando en su cerebro que tiene el otro, aparece la primera crisis dado que la intimidad ha desplazado al deseo sexual y erótico. En ese momento la rutina se instala y se pierde la capacidad de seducción hacia el otro, tal vez por eso es indispensable mantenerse atractivos, ropa intima sugerente, salir juntos, encontrar espacios de tiempo con la otra persona, espacios reservados para charlar, espacios para lo físico… En esta etapa cuando hay que intentar sorprender al otro, bien sea divirtiéndolo, alegrándolo, excitándolo, emocionándolo, hay que ser originales, abrirse de dentro hacia fuera, eso da lugar a esa intimidad, es la vida la que cambia y debemos comprender, entender que el amor pasa por sus fases y que nuestro compromiso verdadero de amor con nuestra pareja consiste en hacer todo lo posible para mantener el sentimiento afectivo al mismo tiempo que el deseo sexual y erótico ¿Magia? No, es una cuestión de habilidad y comprensión, ya que por mucho que nos moleste algo, esa es la persona que hemos escogido para vivir ¿Qué hay que hacer para que esa química inicial no desaparezca entre la rutina, las amarguras, las peleas y las incomprensiones? La respuesta las tienen ambos “amarse con inteligencia” Siempre se podrá innovar y descubrir secretos, si hay la voluntad y amor. Voluntad, que querer, como decía mi abuela, es poder. La filosofía asiática dice que no existe en una vida tiempo suficiente para conocer a su pareja, pero una cosa está clara, si decidiéramos cambiar de pareja, sólo por sentir otra vez esa pasión o esa magia que se echa de menos en muchas relaciones, una vez más volverá a repetirse el ciclo, y se repetirá una y otra vez… por que el amor es un sentimiento paradójico, es éxtasis y tormento, y por mucho que nos pese todos estamos programados para amar.