lunes, 29 de enero de 2007


"Me ha venido a la mente esta canción, la canta Manolo García, no tiene demasiado tiempo, unos cuantos años solo, pero su letra me ayuda en ocasiones a superar esas piedras que a veces aparecen en el camino, que me recuerda lo importante que es que un corazón sepa encajar los golpes que te da la vida, y nada, quiero compartirla. "


Vendrán días en que el peso que hoy te abruma se hará liviano.
Vendrán días en que ese peso ya no será carga sino bagaje.
Vendrán días, han de venir.
Porque un alma que alberga sentimientos viles no brilla
y un alma sin brillo es un tiempo marchito para quien lo soporta.
Déjame que escuche esa guitarra que me falta el aire, que hoy necesito besar otros labios creyendo que beso tus labios.
Déjame perdido en negra noche que hoy el dolor duele, que hoy necesito buscarte sin miedos, en otros rostros buscarte.
Llega el tiempo que en tu campo amado plantarás pensamientos.
Junto al pozo de tu huerta enjambres de madreselva.
Y esa calma, esa calma te ha de ayudar.
Porque un alma que mora en la sala de los pasos perdidos es la furia vencida, cáscara vacía de un dolor exacto.
Déjame beber de ti en los labios de mujer extraña, que hoy necesito el calor de unos brazos que apaguen mi vana esperanza.
Déjame desnudo de recuerdos. No los necesito.
Que hoy necesito buscarte sin miedos, en otros rostros buscarte.
Dame un lenguaje sin palabras para abrigarme que tengo frío.
Dame besos y caricias olorosas y descalzas.
Dame un mundo sin palabras que yo respire porque me ahogo.
Dame besos y caricias sinceras o mercenarias.
Déjame que escuche esa guitarra que hoy me falta el aire, que hoy necesito besar otros labios creyendo que beso tus labios.
Déjame perdido en la noche que hoy el dolor duele, que hoy necesito buscarte sin miedos, en otros rostros buscarte.
Déjame que escuche esa guitarra que hoy me falta el aire.

viernes, 26 de enero de 2007


Pués, mira tu por donde me han traido nostalgia esas flores raras que guardé hace tanto tiempo ¿Cuánto ha pasado? ¿Siglos tal vez? Prometo no poner más, que si no eso va a parecer un jardín.
"Esta noche me he levantado con la cabeza perdida entre sueños, al mirarme al espejo he sentido las espinas de la rosa que un día plantaste en mi pecho, una semilla, por casualidad, como de repente, y la acogí en mi regazo sin hacer preguntas, la cuidé y mimé con esmero, se alimentó de mi corazón día a día hasta que el calor de mi piel la convirtió en flor, aún sigue allí plantada, la he llevado todo este tiempo conmigo abrigada por el calor de mi cuerpo, ha pasado mucho tiempo, no se si recordarás, los años pasan muy deprisa ¿Acaso pensabas que se había marchitado? No, no lo ha hecho ni lo hará, sigue viva y resplandeciente como siempre ha estado. Ha cambiado un poco, pero no mucho, su tallo se ha hecho esbelto y vigoroso, sus pétalos han crecido con colores cada día más resplandecientes y luminosos, centenares de estambres finísimos y sedosos, repletos todos de diminutos granos de polen rodean a diario su pistilo. Es una flor hermosa, pero eso ya lo sabes.
No ha pasado un solo día en el que no halla acariciado sus pétalos con la yema de mis dedos, con cuidado, con mucho cuidado, abonado sus raíces con besos o regado con lágrimas, de vez en cuando, y solo de vez en cuando, alguna que otra espina se ha clavado en mi piel, pero no importa, no hay rosas sin espinas, eso también lo sabes.
Hemos pasado muchas cosas juntos querida flor.
Recuerdo con cariño aquellas frías noches de invierno, cuando te acurrucas bajo mi piel en busca de calor, te acercabas tanto que tus espinas rozaban mi carne, pero no duele, ya lo sabes. Tampoco duelen tus raíces que enredaron hace tiempo en mi corazón, se abren paso entre mi alma desenterrando sentimientos de esos que no sabía que tenía y enterrando algunos otros que no es bueno que salgan, solo aprietan de vez en cuando pero me gusta sentirte plantada en mi pecho, eso también lo sabes.
En primavera es cuando estás más contenta, tu luminosidad invade todo lo que te rodea, das color y vida a tu paso, me encanta sentir tu alegría, cuando sonríes las raíces aprietan fuerte, tan fuerte que haces que se me escape un suspiro.
No paras ni un momento, pero me encanta seguirte, eso ya lo sabes.
Los veranos son distintos, como eres flor te gusta mucho el Sol y vas a buscarlo sin mi, yo soy una planta de interior, cuanto menos luz mejor. Las flores necesitan luz para seguir sintiéndose flores, de todas formas, en cuanto oscurece, trepo por la enredadera hasta tu balcón para recordarte que hoy no me has besado, entonces me besas y sonríes, me haces sentir bien, eso también lo sabes.
Los otoños son más tranquilos, al principio buscas la luz por todos los sitios pero cada vez anochece más temprano, tu te enfadas, las raíces me hacen daño, pero pronto vuelves a brillar con tu hermosura, te sienta bien el relente húmedo de la noche, eso ya lo sabes.
Mi flor amada me ha mirado a los ojos dulcemente y ha sonreído, me encanta ver como sonríe, me hace sentir bien, claro que eso también lo sabes.
Su sonrisa era sincera, pero sus ojos parecían tristes, brillaban resplandecientes pero no de alegría si no de tristeza. — ¿Qué te pasa?¿Acaso ya no me amas? — Me ha vuelto a mirar con los ojos ensangrentados en lágrimas demasiado grandes para proceder de una flor, se han deslizado lentamente por pétalos y han bajado por tu tallo rápidamente hasta tocar mi pecho. Le he vuelto a preguntar y no ha dicho nada, tan solo un suspiro. Sus espinas se han clavado en mi pecho y sus raíces han desgarrado mi corazón estrujándolo con tanta fuerza que me ha faltado el aliento.— Me cuesta respirar, querida flor, no me abraces tan fuerte.—
“ Lloro porque eres mi vida, por que te necesito a mi lado, pero eso ya lo sabes. Te abrazo con tanta fuerza con mis raíces por que te amo aún más fuerte, claro que eso también lo sabes.”

jueves, 25 de enero de 2007

Flor, querida flor


Ya no recuerdo los años que han pasado desde que guardé este escrito en mi caja de puros, diez son pocos, doce, tal vez más. ¡Cómo pasa el tiempo y que viejos nos hacemos! Esto es un recuerdo bonito, una flor que no se seca nunca



"Aquella mañana me levanté cansado. Al mirarme al espejo pude ver un tallo que brotaba de mi pecho. Le acaricié con la yema de mis dedos ha sonreído, le he preguntado quién era “Soy el amor de tu vida” ha dicho, le respondí que le quería.
Mi corazón se ha sobresaltado y he de confesarlo, he tenido miedo. Lo he intentado cortar, romper, he tirado de él con fuerza pero ha sido inútil, no lo podía arrancar de mi pecho, seguía allí, mirándome con ojos tiernos que estremecían cada uno de los rincones de mi alma. Sus raíces se han abrazado a mi corazón, rodeándolo, sin dejarle un solo sitio por dónde respirar, y por más que tiraba de él no he conseguido otra cosa que magullar mis entrañas y causarme dolor.
Amor mío, otra mañana, al levantarme, el tallo permanecía allí. Me ha sonreído y mi corazón comenzó a latir por él. La sonrisa ha sido correspondida. Le he acariciado con mi alma y él, con sus raíces, me ha abrazado con fuerza el corazón llenándome de la felicidad que tantas veces he soñado. Le he abonado con mis caricias y regado con centenares de besos nuevos que inventé para la ocasión, y por eso ha crecido fuerte y vigoroso.
Me ha dicho que me amaba y yo le creí.
Casi sin querer, el otro día intenté arrancarlo, pero no pude, había arraigado hondo. Me miró con ojos llorosos a mares y me repitió mil veces que me quería, con mis labios sequé sus lágrimas y volvió a sonreír.
Amor mío, una mañana me levanté y el tallo se había convertido en una hermosa rosa que radiaba amor, color, aromas dulces y fragancias delicadas. He paseado la rosa por dónde quiera que he ido. Los que se acercaban a mi eran capaces de percibir su olor y se alejaban un poquito más felices, al abrazar a alguien le he pinchado dulcemente y le he transmitido ese amor que desprende tu mirada. Las flores del camino se inclinan para saludarnos, algunas elogian su belleza, otras su color, pero todas envidian el amor que siente.
Le he mirado a los ojos y me ha preguntado sí le amaba;
“No es bastante quererte, te adoro”
Amor mío, esta mañana me he levantado y la rosa estaba allí, me ha parecido triste, me ha mirado y yo a ella. Una lágrima brotaba de sus ojos, le he preguntado sí estaba bien, si le dolía algo, si era feliz. Con mis labios he secado sus lágrimas de nuevo y la sangre que bombeaba mi corazón le devolvió la alegría.
Me miró a los ojos y sonrió; “Será mejor que te acostumbres a mis raíces, a mi tallo, a mis espinas. Será mejor que no olvides regarme todos los días con besos y abonarme con caricias, ya que pienso permanecer aquí, abrazado eternamente a tu corazón, para el resto de tu vida”

Un día nos veremos en el borde del precipicio, en el declive de nuestra vida, ese día aceptaremos el mundo


Empecemos a meter cosas en esta caja, por el momento meteré algunos de los retales de mi vida, esto es de hace poco.

"Desde pequeños nos esforzamos por superar la sutil barrera que separa al bebé del niño, el primer obstáculo es dejar a un lado los pañales, pero vamos creciendo y nos dicen que tenemos que dejar de llorar, que llorar es cosa de niños, que las lágrimas son un signo de debilidad, cuando en realidad lo es de fuerza. Una vez superamos la fase que separa el niño del adolescente, aprendemos a controlar nuestros sentimientos y emociones, oprimen nuestro pecho y nuestras entrañas al no tener por donde salir, desbordándose por dentro y estallando en la rebeldía de los primeros errores, algunos nefastos que nos marcan para siempre.
A fuerza de sufrir terminamos por esconder lo que sentimos, por miedo a que nos hieran, y poco a poco vamos creciendo, aprendiendo de nuestros errores hasta que un día nos miramos en el espejo y vemos a un adulto desconocido para todo el mundo, en ocasiones incluso para nosotros mismos. Durante toda nuestra vida nos rodeamos de cosas que nunca hemos necesitado, sustitutos de una felicidad que nunca apareció en nuestras vidas, y si lo hizo, fue tan fugaz por que solo nos queda un recuerdo borroso.
Cansados, nos miramos las arrugas que el paso de los años han marcado en nuestro rostro, rostros viejos que quieren ser jóvenes y jóvenes que se sienten viejos, otras arrugas las produjeron heridas que han marcado nuestro corazón, como si cada una escondiera una pena. Incapaces de mostrar sentimientos deambulan por insulsas vidas sin saber dar amor o expresarlo, con miedo a sentir el tacto sincero de otro ser humano que descubra los vulnerables que son. Tememos amar, cuando lo que tendríamos que temer es no hacerlo.
Con el paso de los años vamos creciendo, nos damos cuenta de cosas importantes, empezamos a crecer por dentro a medida que nuestro cuerpo va envejeciendo, vemos a nuestros hijos cometiendo sus primeros errores, los mismos que cometimos nosotros o tal vez otros nuevos que no entendemos, un día se marchan de nuestro lado y la soledad llamará a la puerta, la dejaremos entrar, por que es ley de vida, nos acostumbraremos a ella.
Un día nos veremos en el borde del precipicio, en el declive de nuestra vida, ese día aceptaremos el mundo y agradeceremos lo que hemos vivido, cada minuto será un bien preciado, cogeremos nuestra alma y mente dispuestos a entregar el mundo a las personas que amamos, sabemos que el tiempo se nos termina, intentamos estar con ellos, notas como ellos te visitan con la misma sensación, con la extraña sensación que se están despidiendo.
Rechazas la vida insulsa y sin sentido que siempre has llevado, rechazas lo superfluo, lo banal, lo material, pero en ese momento la vida nos juega una mala pasada, ya ancianos, el destino se ríe de nosotros nos coloca de nuevo los pañales o de un plumazo manda quien sabe donde nuestra cordura al principio de todo y nos vuelve de nuevo dependientes, como enormes y ancianos niños.

Para algunos es peor.