
Ya no recuerdo los años que han pasado desde que guardé este escrito en mi caja de puros, diez son pocos, doce, tal vez más. ¡Cómo pasa el tiempo y que viejos nos hacemos! Esto es un recuerdo bonito, una flor que no se seca nunca
"Aquella mañana me levanté cansado. Al mirarme al espejo pude ver un tallo que brotaba de mi pecho. Le acaricié con la yema de mis dedos ha sonreído, le he preguntado quién era “Soy el amor de tu vida” ha dicho, le respondí que le quería.
Mi corazón se ha sobresaltado y he de confesarlo, he tenido miedo. Lo he intentado cortar, romper, he tirado de él con fuerza pero ha sido inútil, no lo podía arrancar de mi pecho, seguía allí, mirándome con ojos tiernos que estremecían cada uno de los rincones de mi alma. Sus raíces se han abrazado a mi corazón, rodeándolo, sin dejarle un solo sitio por dónde respirar, y por más que tiraba de él no he conseguido otra cosa que magullar mis entrañas y causarme dolor.
Amor mío, otra mañana, al levantarme, el tallo permanecía allí. Me ha sonreído y mi corazón comenzó a latir por él. La sonrisa ha sido correspondida. Le he acariciado con mi alma y él, con sus raíces, me ha abrazado con fuerza el corazón llenándome de la felicidad que tantas veces he soñado. Le he abonado con mis caricias y regado con centenares de besos nuevos que inventé para la ocasión, y por eso ha crecido fuerte y vigoroso.
Me ha dicho que me amaba y yo le creí.
Casi sin querer, el otro día intenté arrancarlo, pero no pude, había arraigado hondo. Me miró con ojos llorosos a mares y me repitió mil veces que me quería, con mis labios sequé sus lágrimas y volvió a sonreír.
Amor mío, una mañana me levanté y el tallo se había convertido en una hermosa rosa que radiaba amor, color, aromas dulces y fragancias delicadas. He paseado la rosa por dónde quiera que he ido. Los que se acercaban a mi eran capaces de percibir su olor y se alejaban un poquito más felices, al abrazar a alguien le he pinchado dulcemente y le he transmitido ese amor que desprende tu mirada. Las flores del camino se inclinan para saludarnos, algunas elogian su belleza, otras su color, pero todas envidian el amor que siente.
Le he mirado a los ojos y me ha preguntado sí le amaba;
“No es bastante quererte, te adoro”
Amor mío, esta mañana me he levantado y la rosa estaba allí, me ha parecido triste, me ha mirado y yo a ella. Una lágrima brotaba de sus ojos, le he preguntado sí estaba bien, si le dolía algo, si era feliz. Con mis labios he secado sus lágrimas de nuevo y la sangre que bombeaba mi corazón le devolvió la alegría.
Me miró a los ojos y sonrió; “Será mejor que te acostumbres a mis raíces, a mi tallo, a mis espinas. Será mejor que no olvides regarme todos los días con besos y abonarme con caricias, ya que pienso permanecer aquí, abrazado eternamente a tu corazón, para el resto de tu vida”
Mi corazón se ha sobresaltado y he de confesarlo, he tenido miedo. Lo he intentado cortar, romper, he tirado de él con fuerza pero ha sido inútil, no lo podía arrancar de mi pecho, seguía allí, mirándome con ojos tiernos que estremecían cada uno de los rincones de mi alma. Sus raíces se han abrazado a mi corazón, rodeándolo, sin dejarle un solo sitio por dónde respirar, y por más que tiraba de él no he conseguido otra cosa que magullar mis entrañas y causarme dolor.
Amor mío, otra mañana, al levantarme, el tallo permanecía allí. Me ha sonreído y mi corazón comenzó a latir por él. La sonrisa ha sido correspondida. Le he acariciado con mi alma y él, con sus raíces, me ha abrazado con fuerza el corazón llenándome de la felicidad que tantas veces he soñado. Le he abonado con mis caricias y regado con centenares de besos nuevos que inventé para la ocasión, y por eso ha crecido fuerte y vigoroso.
Me ha dicho que me amaba y yo le creí.
Casi sin querer, el otro día intenté arrancarlo, pero no pude, había arraigado hondo. Me miró con ojos llorosos a mares y me repitió mil veces que me quería, con mis labios sequé sus lágrimas y volvió a sonreír.
Amor mío, una mañana me levanté y el tallo se había convertido en una hermosa rosa que radiaba amor, color, aromas dulces y fragancias delicadas. He paseado la rosa por dónde quiera que he ido. Los que se acercaban a mi eran capaces de percibir su olor y se alejaban un poquito más felices, al abrazar a alguien le he pinchado dulcemente y le he transmitido ese amor que desprende tu mirada. Las flores del camino se inclinan para saludarnos, algunas elogian su belleza, otras su color, pero todas envidian el amor que siente.
Le he mirado a los ojos y me ha preguntado sí le amaba;
“No es bastante quererte, te adoro”
Amor mío, esta mañana me he levantado y la rosa estaba allí, me ha parecido triste, me ha mirado y yo a ella. Una lágrima brotaba de sus ojos, le he preguntado sí estaba bien, si le dolía algo, si era feliz. Con mis labios he secado sus lágrimas de nuevo y la sangre que bombeaba mi corazón le devolvió la alegría.
Me miró a los ojos y sonrió; “Será mejor que te acostumbres a mis raíces, a mi tallo, a mis espinas. Será mejor que no olvides regarme todos los días con besos y abonarme con caricias, ya que pienso permanecer aquí, abrazado eternamente a tu corazón, para el resto de tu vida”
2 comentarios:
Me ha encantado el relato Alberto. Se nota que quien ha escrito esto es una persona sensible y romantica. Que cierto es que el amor hay que cuidarlo y regarlo todos los dias si no quieres que se marchite...
Me siento identificada con ésta carta,Porque me siento como esa flor que ha nacido y dado vida en el pecho de la persona que ama,sólo que es mi corazón el que ha vuelto a latir después de muerto.Ahora sonrrio al despertar y pienso "sólo cinco minutos más" para poder verlo , abrazarlo, besarlo y seré feliz."Sólo cinco minutos más"
Publicar un comentario