Todas las mañanas desde la distancia te observo, no digo nada, un saludo tímido, educado, una sonrisa desde lejos a la espera de ser correspondida con la tuya. Tal vez sea miedo a un gesto cortante, o que me sienta demasiado viejo y cansado para dar un paso más que el largo de las manos, miento, no es miedo, es complicado, pero me basta con contemplarte.
Estás ahí, siempre en el mismo lugar, distante, atareada con el quehacer cotidiano, supongo que ya te habrás dado cuenta que se me embota el alma cada vez que mis ojos se cruzan con los tuyos, tu, que tal vez no has percibido mi existencia, me erizas la piel, me rescatas del naufragio, y eso sin darte cuenta.
Tengo que admitir que intento disimular, a veces solamente, puede que para que nadie note que en mi corazón se está despertando algo dormido, muerto, sin vida, algo que tan solo ha asomado de vez en cuando para recordar que existe algo mejor, una vida. Ese algo me ha hecho cometer cientos de errores, tantos han sido que un día lo enterré en lo más profundo, pero no puedo evitarlo, te observo con ojos de niño, con descaro incluso, perdón por mi osadía, pero cuando algo me gusta me es imposible controlarlo, y más ahora que eso que dormía ha dejado de esconderse y, para serte sincero, no me importa que nadie note en mi rostro algo flotando el aire, ajeno a todo y a todos, una energía invisible que se desliza frente a mi, caminando tras tus pasos de una forma que no alcanzo de entender.
Me resulta sencillo leer tus gestos, tus manos, tu mirada, tu pesar no tiene secretos para mí. La mayor parte del tiempo percibo que estás bien, solo presiento algún tipo de espinita clavada en tu alma, se curará, estoy seguro. No me resulta complicado leer en tus ojos, esa energía cifra un mensaje que puedo leer con exactitud.
En esos días en que estás triste me marcho con el espíritu derrotado, percibo tus gestos de desgana, tu expresión cortante con el mundo, pensamientos perdidos entre Dios sabe que sentimiento o pena. Como un imbécil me siento solidariamente triste, tengo que hacer acopio de valor para detener mi deseo de correr a abrazarte, consolarte, decirte que todo irá bien, que vendrán tiempos mejores en los que el dolor que ahora te aflige será un recuerdo lejano y borroso, que tras estos ojos existe un corazón que te admira, que te adora, que velará por tus deseos, que cuidará de ti moviendo cielo y tierra para robarte esa sonrisa que tan egoístamente necesito, pero no hago nada, me quedo quieto, observando, buscando tu carita entre la gente. En ocasiones, en un vago intento, digo alguna tontería que te obligue a sonreír, aunque solo sea por cortesía sonries, se detiene el tiempo y sin que te des cuenta la guardo conmigo en un rinconcito de mi corazón para que me acompañe durante todo el día, apartando las nubes grises que empañan mi cabeza, tan solo necesito eso, la sonrisa que ilumina mis pasos, sé que es difícil de entender, casi tanto como de explicar y si te soy sincero no espero que nadie lo entienda, ni siquiera tu, pero es algo sencillo, necesito verte sonreír.
Me marcho, a veces enfadado conmigo mismo por no haberte dicho lo guapa que estás esta mañana, por no pedirte una cita, por no haber sido capaz de robarte una sonrisa, pero tengo el consuelo, que tal vez mañana, quien sabe, tal vez descubramos algún día juntos que las cosas, hasta las peores, suceden siempre por algún motivo.