miércoles, 17 de diciembre de 2008

¿Un amor para toda la vida?

Un amor para toda la vida. Yo no se a los demás, pero a mí a pesar de los pesares, aun me enternece ver a esa pareja de ancianos caminar juntos cogidos de la mano ¿Cuánto tiempo juntos? ¿Cincuenta años? ¿Sesenta? Me acerqué a ellos, era una mañana de diciembre, hacía algo de frío, pero buen día, el Sol estaba empezando a calentar y aprovecharon para robar un poco de calor sentados en un banco ¿Cuántas cosas habrán vivido aquella pareja? Malas, buenas... de todo y de todos los colores, pero juntos, aunque resulte un tópico, la vida no es un camino de rosas para nadie y eso que el amor mueve montañas, habría que verlo ¿Qué sentimiento tan especial les ha unido tanto tiempo? ¿Qué tienen ellos que no tiene el resto? ¿Cuál es la clave? ¿Hay una receta? ¿Un ingrediente secreto? Observándoles me di cuenta de detalles, pequeñas cosas que no se ven en otras personas o en otras parejas, como cuando el anciano habla de su esposa, a ella se le ilumina el rostro, se siente por segundos de nuevo una niña, se ruboriza incluso. En la cara de él se refleja que ella le ha llenado la vida con todo lo que podría una persona desear. Lo saben todo sobe el otro y conocen hasta el más íntimo sentimiento, de vez en cuando discuten, hasta se gritan y dan algún portazo, pero saben reconciliarse, por que han aprendido que son imprescindibles las manifestaciones de amor todos los días ¿Cuál es el secreto de esa felicidad en común? Se podrían escribir cientos de teorías, y discutir durante años enteros sobre el tema. Hablando con amigos he encontrado un sin fin de opiniones, algunos abogan por el compañerismo, la fidelidad, la pasión, interese mutuos, libertad, respetarse a uno mismo, independencia, confianza, buen sexo, complementarse sin invadirse. Casi todos dicen que estar enamorados es primordial, pero que con el tiempo llega a ser secundario de alguna forma, que el amor evoluciona a un plano superior, casi todos advierten de la importancia de tener proyectos en común, diálogo, confianza, y el detalle importante de no poner condiciones, no obligar al otro a aceptar o marcharse, todo hay que mezclarlo bien y cocinarlo a fuego lento todos los días. Es una receta mágica que nos daría el plato perfecto, pero no hemos terminado aún, tenemos que servirlo cientos de adornos en una mesa enorme para una comida sin fin, con centenares de salsas de todos los colores y sabores, bebidas de todas clases, y como colofón un postre maravilloso que nos sacie de felicidad, un postre especial compuesto del saber lo que el otro desea, lo que busca, lo que necesita, conectar con sus sueños más profundos para conquistarlo todos los días y sobre todo aceptarlo tal y como es ¿Difícil de cocinar? No se usted, pero a mi se me queman siempre las tostadas… Les pregunté cuantas veces habían discutido “Ufffff muchísimas” respondieron al unísono entre risas. “pero el truco no consiste en no discutir, consiste en saber perdonar” Me invitaron a sentarme junto a ellos en el banco con una sonrisa. - ¿Tan sencillo es? Hay muchas cosas difíciles de perdonar. - Todo se puede perdonar. Aquella rotundidad me dejo pensativo. Saber perdonar había sido su clave. Ella me explicó. - Muchos creen que es muy importante en la pareja eso que dicen de “ceder” pero ceder es desnivelar la balanza, nosotros no cedemos para nada, negociamos soluciones que nos complazcan a ambos. - Parece una buena opción, pero hay otras cosas, como que te quieran como necesitas que te quieran. - Sí, claro, y muchas veces hace cosas que me sacan de quicio y llego a pensar que es un desastre y que me vuelve loca, yo siempre me repito a mi misma, “a pesar de lo que has hecho te amo” de hecho aprendí eso de él, he decidido amarle. - ¿Y que hace que a usted le enoje? - Al principio él era más egoísta, es una persona generosa con el dinero o con cosas así, pero era egoísta con su tiempo, con lo que pensaba hacer, con lo que él creía que era el modo de hacer las cosas y yo no estaba siempre de acuerdo. - ¿Y cambió? - Se dio cuenta pronto, creo que como no veía en mi ese egoísmo, al ver que yo le permitía ser y hacer, creo que fue cambiando, transformándose, si no lo hubiera hecho le aseguro que lo habría mandado a hacer espárragos hace tiempo. - Yo creo.- dijo el viejo entre risas.- Que lo que me hizo cambiar no fue eso, fue la libertad que me daba ella para que me sintiera tal y como yo era. Nunca me criticaba, me permitió en todo momento ser yo mismo, libre, espontáneo, presentarme sin máscara y sin miedo a que me criticara. Ha sido primordial que me acepte tal y como soy, ella por su parte siempre ha intentado cambiar las cositas de mi que no le gustaban o le molestaban, pero con el tiempo hemos aprendido a admitirnos, a tolerarnos, aceptarnos tal y como somos. - Parece complicado. - Lo es.- dijo ella mientras le apretaba la mano con cariño. - ¿Y que es lo mejor de ella? ¿Qué es lo que más le gusta? - Hay muchas cosas buenas y otras malas, pero sobre todo el acogimiento al llegar a casa, eso saca lo mejor de mí, cuando llegas a casa angustiado, cansado, y me recibe bien, automáticamente soy feliz. Es mi amante y mi amiga, me ayuda a aclararme, reduce mis dudas si estoy indeciso, capta muy bien lo positivo que hay en mi y siempre ha tratado que eso salga, sabe como hacerme sentir bien. - ¿Pero nunca ha habido problemas en casa? - Claro. - respondieron al tiempo.- pero los problemas se solucionan.- añadió ella.- Al principio nos costó mucho, nos costó muchas discusiones darnos cuenta que había que “entregar” parte del “tiempo personal” para constituir la pareja, pero sin que te obliguen, tenía que salir de nosotros mismos. - ¿Cómo se hace eso? - Se es pareja desde que se amanece hasta que termina el día, aunque estemos lejos o no nos veamos en todo el día, pora eso es importante invertir tiempo y energía en dedicarle tiempo a tu pareja, es cuestión de querer, querer es poder. - Parece complicado - sí, lo es, pero solo es cuestión de establecer prioridades en la vida, hay que optar a diario por empezar de nuevo, sin que eso signifique olvidar el día anterior, o pensar en el futuro, pero no vivir con la vista en el pasado, sabiendo que no hay un débito o una cuenta pendiente por pagar. - Es fascinante que tras tanto tiempo estén juntos ¿Cúanto tiempo llevan casados? Los dos rompieron a reír. Me sentía algo confuso y fascinado al mismo tiempo, hasta que al fin mirándome a los ojos y con una sonrisa en la cara dijeron. - Nunca nos hemos casado.

jueves, 23 de octubre de 2008

¿Estamos programados para amar?

El amor es un sentimiento paradójico, es éxtasis y tormento. Los filósofos, la literatura, el cine, no han dejado de hablar de él en un intento de expresarlo, algo demasiado complicado para los seres que sienten, pero los que piensan, los científicos, le han dado al amor una nueva dimensión adecuada a la época que vivimos, una reacción bioquímica, fundamentada en una base biológica, de alguna forma, estas cabezas pensantes han deducido que estamos programados para amar dado que nuestros sentidos son una puerta de entrada a todo lo que sucede fuera de nuestro cuerpo, con el amor pasa lo mismo, se cuela por las rendijas de nuestro ser, una vez dentro comienza una formidable guerra química y hormonal que provoca la alquimia del amor, una magia corporal que se escapa de toda lógica para el que la padece y le hace cometer los actos más nobles y al mismo tiempo las estupideces más grandes.
Se pueden diferenciar varios tipos de amor, etapas diferentes con síntomas distintos, la química del amor, en una primera etapa es como si el cuerpo humano segregara una especie de “anfetaminas” cuando nos enamoramos, ese flechazo que tanta vida nos da, ese deseo ardiente, incontrolable, que se une a la testosterona, luego ese flechazo tiende a evolucionar o desaparecer, un amor romántico pasa a ser un amor de complicidad emocional. La atracción y el romance están relacionados con niveles elevados de dopamina y norepinefrina y bajos de serotonina y ese vínculo y la atracción evoluciona hacia una relación calmada, duradera y segura tienen que ver con la oxitocina y la vasopresina. Al enamorarnos como locos en realidad nos enamoramos como idiotas, víctimas de las drogas de nuestro cuerpo, cambios físicos y psicológicos en nuestro organismo nos hacen sentir ese amor.
Yo pensaba que solo eran algunos afortunados, pero creo que todos nosotros tenemos una especie de radar invisible que envía y recibe señales y permite el intercambio entre dos personas aún antes de hablar. Lenguaje corporal, miradas, el pulso se altera, el olor del cuerpo y cambios de actitud, de la forma de ser de cada uno, conductas que si nos paramos a pensar detenidamente son procesos meramente primarios, conductas básicamente animales, cambios biológicos, químicos y psicológicos que no podemos controlar. En esta primera etapa manda el instinto de conservación de la especie, digamos que el amor surge como una necesidad de conservación de la especie humana, como si el fin último que se persigue con la atracción sexual y la pasión sea procrear.
El enamoramiento es una etapa de deslumbramiento, es frenético, hasta irracional, unido a una atracción física, que hace que se cree una idealización. Cada uno ve en el otro su ideal y se ve a si mismo reflejado. Es una situación fantástica, estimulante y mágica que se retroalimenta: “amo a algo perfecto quien me devuelve una imagen perfecta de mí mismo”. Esto es necesario para que ambas personas se mantengan unidas durante un proceso de conocimiento mutuo, tal vez termine en discusión y cada uno siga su camino por su cuenta en busca de otro amor, o puede desemboque en amor maduro. Esta es la fase más segura y racional, en la cual no se pierde lo pasional, se modifica a otro campo distinto, a un siguiente nivel. Es una fase de intimidad, convivir desarrolla esa intimidad. Es necesario buscar en la pareja amistad, sinceridad, simpatía, ternura, intereses comunes, compañerismo… un sin fin de cosas imprescindibles para desarrollar la intimidad necesaria para garantizar que continúe ese vínculo de pareja. Se ama al otro como es: un ser real e imperfecto, con defectos y virtudes. Desde ese momento se está capacitado para tomar decisiones que impliquen un mayor compromiso. Científicamente en esta etapa de "amor maduro” cambia la bioquímica cerebral, en lugar de "anfetaminas" el cerebro segrega "narcóticos": Oxitocina, Endomorfinas y las Encefalinas que dan a las personas seguridad, calma y paz espiritual. Esto reduce la pasión. Estas sustancias crean la sensación de seguridad, tranquilidad, paz… que nos hace mantener relaciones por largos años, siempre y cuando ambos sean capaces de adecuarse a esos cambios, y los dos al mismo tiempo, si no es así, si uno no tiene la misa química actuando en su cerebro que tiene el otro, aparece la primera crisis dado que la intimidad ha desplazado al deseo sexual y erótico. En ese momento la rutina se instala y se pierde la capacidad de seducción hacia el otro, tal vez por eso es indispensable mantenerse atractivos, ropa intima sugerente, salir juntos, encontrar espacios de tiempo con la otra persona, espacios reservados para charlar, espacios para lo físico… En esta etapa cuando hay que intentar sorprender al otro, bien sea divirtiéndolo, alegrándolo, excitándolo, emocionándolo, hay que ser originales, abrirse de dentro hacia fuera, eso da lugar a esa intimidad, es la vida la que cambia y debemos comprender, entender que el amor pasa por sus fases y que nuestro compromiso verdadero de amor con nuestra pareja consiste en hacer todo lo posible para mantener el sentimiento afectivo al mismo tiempo que el deseo sexual y erótico ¿Magia? No, es una cuestión de habilidad y comprensión, ya que por mucho que nos moleste algo, esa es la persona que hemos escogido para vivir ¿Qué hay que hacer para que esa química inicial no desaparezca entre la rutina, las amarguras, las peleas y las incomprensiones? La respuesta las tienen ambos “amarse con inteligencia” Siempre se podrá innovar y descubrir secretos, si hay la voluntad y amor. Voluntad, que querer, como decía mi abuela, es poder. La filosofía asiática dice que no existe en una vida tiempo suficiente para conocer a su pareja, pero una cosa está clara, si decidiéramos cambiar de pareja, sólo por sentir otra vez esa pasión o esa magia que se echa de menos en muchas relaciones, una vez más volverá a repetirse el ciclo, y se repetirá una y otra vez… por que el amor es un sentimiento paradójico, es éxtasis y tormento, y por mucho que nos pese todos estamos programados para amar.

jueves, 18 de septiembre de 2008

ABRIL..........

Abril trajo armonía a la vida. Al brillo de sus ojos hallaron los míos. Así sucedió primavera; frescura, juventud, lozanía. Abril son virtudes. Abril floreció en mi pecho; rosa con espinas. Al sonreírme mi voluntad se cubrió de pétalos. Tonalidades de vida, rojo, azul, verde. Abril son matices. Abril vino dulce, aroma. Una fragancia, su cuerpo empapó mi pensamiento. Su mano en la mía; jazmín, tomillo, hierbabuena. Abril son olores. Abril armonizó; trinos, gorjeos, Algunos poemas dulces asomaron a mis oídos. Bebí sus palabras y creí oír ángeles; mirlos, gorriones, petirrojos. Abril son canciones. Abril te trajo a mí; vida ya olvidada. Sentimiento de amor, esencia del pasado, adornando olvido. Mi alma resplandeció de deseo, esperanza, sentimiento. Abril son ilusiones Abril restó, corazón olvidado Repicar de mi alma en un sin fin de emociones, Abracé cada risa, mirada y sueño. Abril son amores. Abril su faz a mi rostro, Su pecho contra el mío en un solo. Amé cada caricia, abrazo y beso Abril son pasiones. Abril añoró la luna, extinguió una estrella; se la llevó de mi lado. Ahuyentó a mi amor la muerte de mi vera, desgarrando mis entrañas. Abril arropó de muerte la noche. Abril son dolores. Abril redime su virtud, nocivo abril. Abril imprégname con su reflejo, amargo abril. Abril embriágame con su olor, siniestro abril. Abril recítame su canción, fatal abril. Abril lléname de ilusión, mezquino abril. Abril confiere amor, perverso abril. Abril dispensa pasión, infame abril. Abril arranca el dolor, despreciado abril. Abril, hoy recuerdo y añoro, indigno abril. Abril no te perdono, infame abril. Abril arrancaste su luz de este mundo, ruin abril. Abril, torna a mi amor, despreciable abril. Abril redime mi vida, impío abril. Abril, te odio una y mil veces abril, vil abril. Amé su alma desde el primer día, desde aquel primero de abril. Abril te la llevaste en abril, macabro abril. Abril, a ti te lo suplico, injusto abril. Rescátala de la muerte.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

...Voces oscuras que me llaman desde el otro lado

Me levanto todas las mañanas perdido, moribundo, haciendo un esfuerzo inhumano por levantarme de la cama, haciendo acopio de valor me lleno de vanas esperanzas, prometiéndome a mi mismo que quizás hoy, creyéndome que si me lo propongo, consiga no llorar, pero sucumbo en el intento, sobre todo por las noches, solitarias, frías, sin sentido.
Con paso lento, camino del trabajo, observo a las personas que arrastran sus sombras cargadas de sus vidas a cuestas, gente que mira con la indiferencia habitual que se pueden mirar a un desconocido, mientras esa losa pesada de mi espalda me atormenta más y más, haciendo imposible caminar, obligándome a arrastrar los pies por la acera en un inútil esfuerzo de asumir mi existencia, nadie se da cuenta que quien camina a su lado es un ser sin apenas vida en el cuerpo, un personaje exhalando su último aliento en un vago intento de aferrarse a un mundo que ya no pertenece, mientras las sombras le llaman desde la oscuridad invitándole a pasar al otro lado. Tal vez esta noche las escuche.
En es vago intento de devolverle la vida a este cuerpo moribundo he intentado volver a reír con los amigos, reflejarme en unos ojos, acercarme a la gente, buscar ese abrazo que tanto necesito para que me ayude la levantar este peso mortal, pero no lo encuentro, soy incapaz de acercarme a otro ser humano y no mostrar a un pájaro herido que ha olvidado volar, derrotado, vencido, asumiendo su suerte, esperando pacientemente que la muerte llegue y ponga fin a este dolor sombrío, vencido, aceptando mi sino, a medida que pasan las horas, el dolor aumenta en lugar de disminuir, indicando claramente la proximidad trágica de un destino cruel, el cual deseo que llegue lo antes posible y que cese el sufrimiento, desaparecer sin dejar el menor rastro de una vida que ha pasado por este mundo sin pena ni gloria.
Me pregunto si alguien se acordará de mí cuando ya esté muerto, tal vez uno, dos, tres, mi familia y poco más. Mi familia, siento el daño que causará mi partida, lo han dado todo por mi y nunca he tenido ocasión de agradecerles su aprecio, su paciencia, su esfuerzo, su amor incondicional, si leéis esto, gracias, que ya no tienen que preocuparse por mí, que estaré bien allá donde voy. Serán los únicos que me recuerden, los demás, el resto del mundo no se ha percatado nunca de mi presencia, mucho menos lo hará de mi ausencia, algunos ni recordaran que ya no estoy en pocas semanas, olvidarán mi nombre, transcurridos unos meses ni tan siquiera recordarán mi rostro, seguirán sumidos en sus vidas con más o menos sentido, tal vez alguno en algún momento se preguntará que fue de aquel tipo alegre y divertido que se volvió sombrío y oscuro, loco, y que desapareció, pero todos seguirán hacia delante, la vida sigue, no se detiene por nada ni por nadie, con el tiempo solo seré una nube borrosas de la memoria, una foto vieja, desteñida.
Sobrevivir, o tal vez sobremorir, la cara o cruz de la existencia humana, cuando apuestas todo el rojo y sale negro has perdido, no hay vuelta atrás, ni segundas oportunidades, aprendes a vivir con tu derrota o sucumbes en el intento de salir del pozo, hundiéndote más y más, te das cuenta que nunca tenías que haber probado lo hondo que era con los dos pies. Yo he sucumbido.
He intentado pedir ayuda, pero no la he encontrado, no se que camino coger, en ocasiones se abren ante mis ojos senderos que pueden conducir a alguna parte, pero por alguna razón me quedo quieto, esperando una señal que provenga de cualquier parte y me indique que es lo que tengo que hacer, señal que no llega nunca y que cada vez parece más distante.
Necesito una señal, una estrella que guíe mis pasos en la oscuridad en la que estoy inmerso, una señal o estoy perdido, tal vez esta noche escuche esas voces oscuras que me llaman desde el otro lado.

jueves, 4 de septiembre de 2008

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Una de serrat...

Donde quiera que estés , te gustará saber que por flaca que fuese la vereda, no mal vendí tu pañuelo de seda por un trozo de pan, que jamás, por más cansado que estuviese, abandoné tu recuerdo a la orilla del camino y por fría que fuera mi noche triste no eché al fuego, ni un sólo de los besos que me diste. Por ti brilló mi sol un día y cuando pienso en tí brilla de nuevo sin que lo empañe la melancolía de dos fugaces amores eternos. Donde quiera que estés te gustará saber que te pude olvidar y no he querido, por fría que sea mi noche triste no echo al fuego, ni un sólo de los besos que me diste. Donde quiera que estés...si te acuerdas de mi.

sábado, 30 de agosto de 2008

Un susurro de esperanza....

No se por donde empezar. La verdad es que hacía tiempo que no te escribía, al menos no lo he hecho con la frecuencia que debería, eso es cierto, aunque ya sabes que mi faceta de escritor es frustrante a veces y hay épocas que esta en el olvido, lo que antes era una necesidad ahora es un recuerdo de otro de los imposibles que han pasado por mi vida, pero tal vez vuelva, te lo comento por si al leer esto no tiene el sentido que debería o es divagante, es por la falta de costumbre, además, tengo la cabeza hecha un lío y las cosas no se ven con la absoluta claridad que deberían, se piensa demasiado y se concreta poco, así que te pido disculpas por adelantado. Siento no haberte escrito antes, eso es cierto, quizás fue por descuido, por olvido, por pensar que estarías a mi lado “por siempre jamás” como en los cuentos de los niños en el que “fueron felices y comieron perdices”, siento haberte fallado, me equivoqué, me he equivocado muchas veces, eso ya lo sabes, pero ahora que te has ido todo ha cambiado, el mundo no tiene el mismo color sin ti a mi lado, es complicado, donde antes se pintaban colores ahora es de un gris pálido difícil de borrar, casi tanto como de explicar que se siente cuando es tanto lo que sentimos, lo que hemos sentido y lo que estamos sintiendo. Lo que eran sueños e ilusiones son ahora papel mojado, viejo, roto, en la calle tirado esperando que alguien lo pisotee de nuevo para borrar sus recuerdos, los mismos que ahora me invaden, había tanto amor en aquellos corazones, siento que aun no se ha perdido. Pienso en eso, en lo que pudo haber sido y no fue, aunque me queda la esperanza que tal vez algún día alguien coja papel y lápiz y empiece de nuevo la historia, pero no quiero historias nuevas que contar, quiero una segunda parte, dicen que nunca fueron buenas, pero seguro que no hablaban de nosotros, creo que aún es posible, lo siento en mi interior como la luz brillante del faro en mitad de la noche oscura, intermitente y distante, pero encendida siempre, será esa la forma que tiene Dios de pintar la esperanza. Ojala pudiera volver atrás en el tiempo y reparar mis errores, son tantas las equivocaciones y lo que tendría que rectificar que necesitaría años para cambiarlo todo, pero no puedo, ni siquiera una pequeña parte, nadie puede, tan solo me queda la esperanza que pinta Dios distante en el cielo con forma de estrella solitaria que al brillar dice que tal vez, tan solo tal vez, algún día logres perdonarme, solo necesito eso, que me perdones, pero perdonar también es olvidar, y eso es más difícil cuando por dentro estás llorando casi tanto o más que por fuera, aunque solo hay que deshacerse del rencor que quema por dentro como el fuego y acaba consumiéndolo todo, tal vez me equivoque, pero “puedo perdonar pero no olvidar” es otra forma de decir “no puedo perdonar”, eso creo que lo he leído en algún sitio, disculpa por el plagio y hablando de plagios, Jacinto Benavente dijo que a perdonar solo se aprende en la vida cuando a nuestra vez hemos necesitado que nos perdonen mucho, tal vez sea cierto, quizás por eso crea que el perdón existe, claro que hay que aprender a perdonar lo mismo que a no ofender, que en mi caso seguro que sería lo más eficiente, pero sin duda, lo que más me va a costar va a ser perdonarme a mi mismo, me siento demasiado responsable como para poder hacerlo, no solo he destrozado mi vida, otra vez, te he arrastrado conmigo, al único ser que necesito que sea feliz para poder seguir viviendo, sin querer, sin pensarlo, te alejo de mi vida por mi propia estupidez. No se si lograré perdonarme algún día, eso tal vez sea lo que más me cueste, perdonarme a mi mismo, quizás sea lo más difícil pero solo puedo perdonarme si tu me perdonas .Parece sencillo, pero no lo es, sería más fácil tener que perdonar una ofensa de otro, todo ese dolor, esas lágrimas, ese sufrimiento que he creado a mi alrededor. Me gustaría que me creyeras cuando te digo que el daño que te he hecho me lo he hecho a mi también, y que todo el dolor que he causado también yo lo he sufrido, pero acepto que no sea suficiente, tengo que sufrir más, no me puedo perdonar, tal vez sea cierto eso que se perdona mientras se ama, que saber perdonar es saber amar, pero he dejado de quererme a mi mismo, tan solo me queda la vaga esperanza que tu me perdones. Siento que tus sueños no se cumplieran, que tu felicidad quede empañada por mi estúpida presencia, me duele nublar tu futuro de gris, destrozarte la vida, quitarte la ilusión, las ganas de luchar por lo que amas, eso es otra de las cosas que no puedo perdonarme si tu no me perdonas. Si no hubiera cometido tantos errores, las cosas serían diferentes, tal vez no demasiado, pero al menos alargaría la mano y te encontraría con la punta de los dedos todas las noches, me encantaba encontrarte dormida en la oscuridad incluso verte dormirte agotada en el sofá después de un día duro sin apenas pronunciar palabra, hasta eso echo de menos, como son las cosas… Podíamos haber sido felices juntos, tuvimos la oportunidad para conseguir esa felicidad con la que todos sueñan pero que pocos alcanzan, que cada día nos querríamos más y más aún cuanto pensábamos que era imposible sentir más, ahí estábamos nosotros, para demostrar que todo es posible, dispuestos a comernos el mundo a besos y abrazos, luchando por el amor y partiéndonos la cara contra cualquier adversidad por dura que fuese, pero míranos ahora, a un pequeño paso de convertirnos en dos desconocidos que un día soñaron caminar juntos en la misma dirección, que emprendieron un viaje y se perdieron unos cuantos metros después de partir, en el primer cruce que nos encontramos, a punto de tomar direcciones distintas con apenas esperanza de volver a encontrarse algún día, tal vez sí, otro día, otro mes, otro año o en otra vida. Me siento culpable, entre otras cosas de desaprovechar la ocasión que me dio el destino. El destino, tal vez sea eso, puede que las cosas sucedan por alguna razón, quiero pensar que es cierto, que nada es casual, que mi paso por tu vida no ha sido un error, sé que no, se que era cierto, que el amor que sentíamos era real y puro, ese amor que aún siento oculto tras el dolor por haberte perdido. Es curioso pero la separación tiene algo parecido a la muerte, algo oscuro que deja una herida destrozándonos por dentro y que tan solo el tiempo curará. Me gustaría que supieras que desde que nos casamos no ha pasado ni un solo día que no soñara con formar una familia a tu lado, unos pies diminutos corriendo por casa, volverme loco de alegría por ver esos primeros pasos o esas primeras palabras, ver orgulloso crecer esos pies al mismo tiempo que nosotros crecíamos todo lo que nos quedase aún por crecer, día tras día, año tras año, sin importar nada más la lucha diaria por ser feliz, por amar y ser amado, pero la realidad nos da en la cara una vez más y nos muestra que hay siempre desdicha en la felicidad, que no hay bien sin mal como no hay rosas sin espinas, suena a tópico, es verdad. El camino no es fácil, ahora ya lo sabemos, está lleno de tropiezos, lleno de baches y obstáculos. Tal vez la felicidad resida en saltar sin desfallecer, en no tirar la toalla, en no rendirse ante la adversidad, en poner los ojos en el horizonte, en el futuro, en luchar día a día por dar un paso más, una sola huella en la arena ¿Lo recuerdas? Seguro que sí. “si solo ves una huella en la arena no significa que camines solo, esas huellas son las mías, yo te llevo en brazos” La vida no es tan sencilla como pintan en las novelas o en el cine, eso es algo que aprendemos a medida que buscamos nuestro camino lleno de obstáculos, están ahí, esperando ver como tropezamos para reírse de nuestra estupidez, de nuestra ignorancia por no saber que crecer es caer y volver a levantarte. Tengo que confesarte que, salvo los momentos de debilidad en los que pierdo esa luz de esperanza, aún te espero todas las noches verte aparecer, aun espero que podamos mirar juntos aquel horizonte, que es posible que todo suceda, anhelo ser el brazo en el que te sujetes al tropezar y que tu mano me levante del suelo otra vez y otra más, que tu risa me de fuerzas para dar otro paso, seguro bajo la seguridad que otorga tu mirada, tal vez aún crea que todo es posible, que no quite la vista del “vivieron felices y comieron perdices”, aún tengo esperanza que volvamos a ser uno solo caminando en la misma dirección. Puede que olvidáramos algunas cosas en el poco trayecto que hicimos juntos, pero quiero pensar que solo es un trozo de un viaje, tal vez olvidamos las pequeñas cosas que nos unieron, parar en el coche en cualquier sitio a charlar de la vida o intentar a salvar este loco mundo, o mirar al cielo abrazados durante un par de horas sin nada más ¿Recuerdas la lucha contra el insomnio? Lo que más recuerdo son tus ojos, hacíamos el amor en cada mirada Era real, no fue un sueño, me niego a que pueda haber desaparecido, el amor sigue ahí, lo siento latente en mi pecho a cada segundo, se que aún existe. Creo que enterramos esas miradas al cerrar los ojos por el día a día, sumiéndonos en la rutina, en innecesarios reproches, incluso en tontas mentiras, con discusiones sin sentido que no conducían a nada más que alejarnos y olvidarnos que antes estábamos por encima de todo eso, pero aún tengo esperanza cada vez que pienso en ti y recuerdo esa mirada, perdida, triste, temerosa y al mismo tiempo valiente, luchadora, hasta salvaje y divina, me hacía sentir vivo cuando me mirabas, era un te quiero por que el corazón quiere quererte, era puro, era de verdad ¿Dónde te olvidaste de mi? Mi niña ¿Recuerdas como te llamaba? Te latía el corazón con tan solo oírme decir esas palabras, no se por que dejé de llamarte “mi niña” a todas horas, puede que la misma rutina lo cambiase por “nena”, no lo sé, con esto solo quiero agradecerte haberme abierto los ojos, haberme devuelto la vida, fue hermoso sentirme vivo reflejado en tus pupilas. Siento con frecuencia que te he perdido y al mismo tiempo que es el momento de empezar de nuevo, de luchar con uñas y dientes por lo que uno ama. Te amo, no puedo permitidme perderte, no pienso permitir que las preocupaciones y los miedos enturbien el cielo y borre nuestros sueños, necesito recuperar esa mirada que me hacía desear todos los días ser mejor persona, capaz de cualquier cosa, éramos uno solo y quizás aún podamos volver a serlo. Espero que sea en esta vida, pero si es en otra prometo encontrarte Te espero y te esperaré siempre, Eternamente tuyo

lunes, 12 de mayo de 2008

Fragmento del 1er borrador de "las voces que viven en los armarios"





Me mandaron con una tía mía después del fatal accidente de mi padre. Mi tía era una viuda de esas que es viuda de toda la vida, era una de esas mujeres estiradas que parecían intentar aparentar que estaban afligidas, siempre de negro. Mi padre dijo cuando aún vivía mamá y discutían que “Era un bicho, un bicho malo que nació viuda y seguiría viuda por siempre jamás”. A decir verdad no recuerdo a mi tío, pero viendo a mi tía me di cuenta de lo que quería decir mi padre con eso de ”bicho malo” y “viuda de toda la vida.” Supongo que se tiraría del puente más alto para no escuchar esa voz de pito. Me mudé con mi tía a la otra punta del pueblo. Era una de las hermanas de mi madre que no había visto desde el último entierro. Era la única familia que me quedaba, se supone que ni ella ni yo teníamos nada más en el mundo que esos restos rotos de una familia, pero yo siempre la he visto igual que la veía mi padre, viuda y mala, ella en cambio me veía como un parásito que se había instalado en su casa, como una araña en lo alto de un rincón que podía librarse de ella con un escobazo, una simple mosca cojonera. No tengo un recuerdo exacto de su cara, solo instantáneas sueltas de una nariz parecida a la de una urraca y un pelo recogido siempre en un moño. Tampoco recuerdo a cara de papá ni de mamá, para recordarles tengo que mirar viejas fotos y me parecen dos extraños que hace siglos que se fueron, siglos que empezaron ayer mismo.
Mi tía la urraca pertenecía al tipo de familia que tan solo ves una vez al año por Navidad, era costumbre algún horroroso regalo que andaba dando vueltas por la casa hasta que mamá decidía que ya era hora de tirar trastos y al fin lograba librarme de él hasta que nuevamente llegaba la Navidad y aparecía con otro horroroso objeto. Pensaba en aquel entonces que había tiendas en las que vendían regalos de Navidad para las personas normales y regalos para los “bichos malos”
No logro recordar las caras de mi niñez, se pierden en la memoria, recuerdo las facciones pronunciadas, los tonos de voz, incluso los olores, pero no las caras. Mi tía era una mujer estirada que llevaba siempre en la punta de su puntiaguda nariz unas enormes gafas de pasta negra que amenazaban con precipitarse al suelo al no poder sostenerse en su pico de urraca. Era como si alguien hubiera colocado esas espantosas gafas justo en la punta para entretener a la gente mirando como se las subía y se le volvían a bajar una y otra vez, pero lo que menos soportaba era su voz. Un timbre agudo que se introducía en mi cabeza como si fuera el aguijón de una avispa que pica directamente en el mismísimo centro del cerebro, una y otra vez. El sonido estridente se repetía durante todo el día y todos los días, evidentemente, ella tampoco manifestaba un cariño especial hacia mi, una de sus frases favoritas consistía en decir gritando desde la cocina lo desgraciada que era por tener que cargar con un niño como este, incluso en algún que otro enfado suyo, o travesura mía, rogó a Dios que enfermase de algo y le dejase tranquila de una vez. Era una bruja despreciable, pero como yo estaba más sano que una manzana, no tenía más remedio que cargar conmigo “legalmente” puesto que era mi madrina, a pesar de odiarme con toda su alma, tenía que mantenerme hasta los dieciocho.
La urraca, cuyo verdadero nombre era María Trinidad, o “Trini la viuda” como la llamaban en el pueblo, casi nunca me dirigía la palabra a no ser que fuese para ordenarme algo o recriminarme cualquier otra. Hasta que yo llegué a su casa y me metí en su vida estaba sola. “Ese bicho malo está solo desde siempre” hubiera dicho mi padre, claro que no estaba completamente sola, como todas las brujas de los cuentos, esta también tenía su gato malvado, además de un periquito al que llamaba Paco como su difunto marido, puede que las brujas de los cuentos no tengan periquitos, pero las urracas a lo mejor sí, el caso es que tenia un horrible y escandaloso periquito se pasaba el día dando gritos, era como si intentara imitar el tono de voz de mi tía. Más de una vez pensé cerrarles el pico a ese par de pajarracos de un manotazo, y al gato, también al gato, se llamaba Sultán, un siempre malhumorado siamés al que le encantaba arañarme para hacerme saber quien mandaba en aquella casa, quien por supuesto era él.
Yo no era del todo malo ni estaba loco en aquel entonces, al menos no demasiado, es más, ella siempre me había odiado por alguna razón, mi padre decía que tenía el vientre seco como un pozo viejo y que sentía envidia de mamá por que no podía tener hijos, por eso me odiaba, incluso mucho antes de vivir con ella o que mamá muriese, seguro que por eso escogía esos horribles regalos.
Para ser sincero fui un niño travieso como todos los niños, pero no me portaba excesivamente mal. Con mi tía la urraca apenas había comunicación, un par de graznidos que soltaba de vez en cuando y poco más. Apenas hablábamos ni graznábamos, un “buenos días”, “buenas tardes” e incluso “buenas noches”, hasta le pedía las cosas por favor cuando tenía que pedir algo, me lavaba las manos antes de comer y me encargaba de bendecir la mesa, pero siempre sucedía algo que le hacía enojarse, pequeñas tonterías que no me daba cuenta a veces siquiera que las había hecho, haber entrado en casa con los zapatos sucios, haber dejado encendida la luz del aseo, el tubo de pasta de dientes abierto, una mala posición en una silla, poner los codos sobre la mesa, la camisa por fuera de los pantalones, olvidar dar la comida del insoportable gato o cambiarle el agua al escandaloso canario. Nada en realidad importante, pero no dudaba en regalarme un graznido a modo de grito y dos azotes con el cinturón que perteneció a su difunto marido, me pregunto por que diablos lo guardaba si no era para azotarme, luego un castigo que cumplía siempre con la misma raja tabla que se cumplen ordenes en un campo de concentración nazi. Todo era por ese orden. Grito, azote y castigo. El castigo consistía en una especie de tortura sacada con seguridad de algún libro macabro y retorcido de Stephen King. Me encerraba en un viejo armario ropero que debió pertenecer a su esposo, como si nada, echaba la llave y desaparecía durante horas.
– Te vas a quedar allí encerrado hasta que pienses lo que ha sucedido y pidas disculpas.
Olía a naftalina algunas veces pero casi siempre a polvo y me producía tos nerviosa, pero no le importaba, hasta temí asfixiarme allí dentro en mas de una ocasión. Desde el interior del armario esforzaba por mirar a través de la cerradura en busca de algo de luz, pero solía cerrar puertas y ventanas, corría cortinas, incluso en ocasiones tapaba la cerradura con alguna prenda de vestir para producirme más sufrimiento y que mi castigo fuera completo y ni tan siquiera la luz pudiera gratificarme. Y allí me quedaba yo horas, noches o días enteros, pensando en lo que había hecho y luchando por respirar y no caer en uno de mis ataques de pánico. A veces era como si durante esas horas no formara parte del mundo, como si no existiera, como si estuviera muerto, otras sentía miedo, de las voces que vivían en el armario. Odiaba esas voces, pero sobre todo las temía, susurraban entre ellas o de repente gritaban, aparecían y desaparecían cuando les venía en gana, sin previo aviso, sin importar si era de día o de noche. No debí haberlas escuchado nunca. Es peligroso escuchar lo que dicen las voces que viven en el armario. No debí nunca hablar con aquellas voces.


lunes, 5 de mayo de 2008

Aquellas voces...





Vivir es conducir por una carretera con un único sentido. No se puede dar marcha atrás en la vida, afortunadamente pocos ven lo que somos, pero por desgracia todos ven lo que aparentamos.

Soy un demente, un loco, un tarado.

Estar loco es una forma distinta de ver la realidad que nos rodea, una visión del mundo desde un punto de vista distinto al de los demás. Un loco es un tipo extraño que da miedo o risa, y en algunos casos las dos cosas. Los locos por regla general somos tipos raros que vivimos en un mundo complicado, más o menos complicado que el mundo real. Es un lugar distinto, a veces demasiado.

La gente lo intuye, le ven raro, diferente. Su mundo particular es un lugar en el que algo no marcha bien, mientras los demás, desde la cordura que les da la realidad les juzgan y catalogan como fósiles que pertenecieron a dinosaurios que hace miles de años dejaron de pisar la tierra, pedazos de algo inservible salvo para el estudio de científicos y directores de cine. El fósil, tiene la fortuna de poseer una etiqueta con su nombre, lo guardan en una vitrina para que la gente lo vea, a los locos les colocan otra etiqueta con su locura y los meten en un manicomio para que no les vea nadie. Son los fósiles desgraciados, les llenan la cabeza de medicamentos para controlar su locura, les cuelgan su historial del cuello como si fuera un cartel donde especifica el tipo de fósil al que pertenece y les colocan en vitrinas con forma de hospitales mentales para ser olvidados y apartados del mundo de los
cuerdos. Para que no molesten ni perturben la marcha normal del mundo real.

Yo, en cambio, siempre he pertenecido a otro grupo, uno de esos que no tienen cartel con su locura colgado del cuello y por suerte viven en el mundo sano e intentan pasar lo más desapercibidos posible, tarea ardua y difícil si se está como una regadera. No es que yo sea más o menos inteligente que esos pobres desgraciados atiborrados a medicamentos a los que se les cae la baba, solo intento que no note demasiado que mi mundo es distinto al de los demás, y algo muy importante, no pretendo convencer a nadie de mi supuesta cordura.

Siempre he creído que los que estamos locos lo estamos por culpa de otras personas, en algún libro leí que es un mecanismo de defensa, bueno no siempre funciona, digamos que los locos tenemos los cables de nuestra cabeza mal colocados y de repente alguien toca una tecla que no sabíamos que teníamos o se produce un cortocircuito por algún cable que quedó pelado hace años. Alguien o algo toca esa tecla que activa la locura, el momento preciso, en el instante concreto.

Perdone que me atreva a decir esto, pero creo que cualquiera podría ser un loco
¿Usted sabe si tiene esa tecla en su cerebro esperando a que alguien la toque? ¿Lo sabe alguien? Puede que nada haya despertado aún su locura, pero un día al levantarse por la mañana, desayunará viendo las noticias o leerá el periódico mientras toma un café, tal vez con leche, entonces se dará cuenta que el mundo ha cambiado. Mientras dormía los cables han hecho un mal contacto, un chispazo que no sabemos de donde ha venido y el mundo deja de ser el que conocemos.

Creo que lo mejor ir volviéndose loco progresivamente, así te vas dando cuenta de lo raro que se está volviendo todo y, de alguna forma, puedes adaptarte a tu locura y a ese universo extraño en el que te toca vivir. Como extranjero lejos de su casa, tarde o temprano terminas aprendiendo el idioma por pura supervivencia. En eso consiste estar loco, adaptarte al mundo cuerdo.

Salvo por mi locura, soy un tipo de lo más normal, loco, pero normal.

Un consejo, si ve un dragón en el salón o duendecillos de colores cortando flores en su jardín, disimule, no lo cuente.

lunes, 21 de enero de 2008

¿Dónde va un amigo cuando muere?


No tuvimos la ocasión de conocernos de verdad, pero sí de hacernos amigos.

Juan Ramón Jiménez decía de su Platero: “es pequeño, peludo y suave, tan blando que se diría que es todo de algodón, que no tiene huesos” Zaya era mucho más, mirada noble y tierna, ojos del color humilde de la miel de azahar, obediente, cariñosa, de gustos caprichosos y temperamento tranquilo, una más de su familia y toda una señora, Zaya era un ser especial.

Recuerdo la forma peculiar de saludar cuando entrabas en casa, jugando, le respondía imitando su ladrido mientras me pedía una caricia con su enorme cabeza; me río yo de ese tal Platero, menudo burro.

Nos dejó un 21 de enero para ir al cielo de los perros.

Algunos dicen que las mascotas cuando mueren se convierten en estrellas y brillan en el cielo durante toda la eternidad, acompañando de este modo a sus amos donde quieran que estén, cuidándolos desde la distancia, otros dicen que se reencarnan en objetos o cosas que tenemos en casa y su espíritu seguirá con nosotros “por siempre jamás” como en los cuentos infantiles, algunos otros dicen que se reencarnarán en otro animal para esperarnos bajo otro rostro, otro nombre y otro cuerpo, que nos reconocerá cuando nos volvamos a cruzar de nuevo en el camino de la vida, y nosotros a ellos, quizás sea en esta vida o en otra. ¿Quién sabe dónde van los amigos cuando mueren? Nadie lo sabe, pero ella irá al cielo de los perros, estoy seguro.

Esta mañana, Hugo, su pequeño y zarrapastroso amigo, que tantos dolores de cabeza le dio, que tanto y tanto le ha hecho de rabiar, me ha preguntado por ella. No ha sido con palabras normales, ha sido con sus cosas de perros, ha olfateado el rincón en el balcón donde se tumbaba Zaya todas las noches y por toda la casa, al fin me ha mirado con sus ojos negros y brillantes. Su mirada decía que era un perro, que no podía llorar, pero que lloraba por dentro - Le echo de menos - me dijo. A decir verdad, no he sabido que decirle, ni como consolarle, todos estamos tristes y notamos su ausencia, pero su pequeño amigo creo que es quien más se acuerda de ella, para él era más que una amiga, era una madre. Le he acariciado la cabeza y ha movido el rabo distraído.
A decir verdad no se si nacerá una nueva estrella en alguna parte del firmamento, un árbol en mitad de un bosque o otro animal con su alma, pero si ella pudiera elegir estoy seguro que escogería de nuevo ser nuestra Zaya.

No se donde van los amigos cuando mueren pero, lo que es seguro, es que de cualquier forma, todos los perros van al cielo.

Adiós gorda, ahora puedes correr todo lo que quieras, y no te preocupes, nos volveremos a encontrar, estoy seguro.