lunes, 5 de mayo de 2008

Aquellas voces...





Vivir es conducir por una carretera con un único sentido. No se puede dar marcha atrás en la vida, afortunadamente pocos ven lo que somos, pero por desgracia todos ven lo que aparentamos.

Soy un demente, un loco, un tarado.

Estar loco es una forma distinta de ver la realidad que nos rodea, una visión del mundo desde un punto de vista distinto al de los demás. Un loco es un tipo extraño que da miedo o risa, y en algunos casos las dos cosas. Los locos por regla general somos tipos raros que vivimos en un mundo complicado, más o menos complicado que el mundo real. Es un lugar distinto, a veces demasiado.

La gente lo intuye, le ven raro, diferente. Su mundo particular es un lugar en el que algo no marcha bien, mientras los demás, desde la cordura que les da la realidad les juzgan y catalogan como fósiles que pertenecieron a dinosaurios que hace miles de años dejaron de pisar la tierra, pedazos de algo inservible salvo para el estudio de científicos y directores de cine. El fósil, tiene la fortuna de poseer una etiqueta con su nombre, lo guardan en una vitrina para que la gente lo vea, a los locos les colocan otra etiqueta con su locura y los meten en un manicomio para que no les vea nadie. Son los fósiles desgraciados, les llenan la cabeza de medicamentos para controlar su locura, les cuelgan su historial del cuello como si fuera un cartel donde especifica el tipo de fósil al que pertenece y les colocan en vitrinas con forma de hospitales mentales para ser olvidados y apartados del mundo de los
cuerdos. Para que no molesten ni perturben la marcha normal del mundo real.

Yo, en cambio, siempre he pertenecido a otro grupo, uno de esos que no tienen cartel con su locura colgado del cuello y por suerte viven en el mundo sano e intentan pasar lo más desapercibidos posible, tarea ardua y difícil si se está como una regadera. No es que yo sea más o menos inteligente que esos pobres desgraciados atiborrados a medicamentos a los que se les cae la baba, solo intento que no note demasiado que mi mundo es distinto al de los demás, y algo muy importante, no pretendo convencer a nadie de mi supuesta cordura.

Siempre he creído que los que estamos locos lo estamos por culpa de otras personas, en algún libro leí que es un mecanismo de defensa, bueno no siempre funciona, digamos que los locos tenemos los cables de nuestra cabeza mal colocados y de repente alguien toca una tecla que no sabíamos que teníamos o se produce un cortocircuito por algún cable que quedó pelado hace años. Alguien o algo toca esa tecla que activa la locura, el momento preciso, en el instante concreto.

Perdone que me atreva a decir esto, pero creo que cualquiera podría ser un loco
¿Usted sabe si tiene esa tecla en su cerebro esperando a que alguien la toque? ¿Lo sabe alguien? Puede que nada haya despertado aún su locura, pero un día al levantarse por la mañana, desayunará viendo las noticias o leerá el periódico mientras toma un café, tal vez con leche, entonces se dará cuenta que el mundo ha cambiado. Mientras dormía los cables han hecho un mal contacto, un chispazo que no sabemos de donde ha venido y el mundo deja de ser el que conocemos.

Creo que lo mejor ir volviéndose loco progresivamente, así te vas dando cuenta de lo raro que se está volviendo todo y, de alguna forma, puedes adaptarte a tu locura y a ese universo extraño en el que te toca vivir. Como extranjero lejos de su casa, tarde o temprano terminas aprendiendo el idioma por pura supervivencia. En eso consiste estar loco, adaptarte al mundo cuerdo.

Salvo por mi locura, soy un tipo de lo más normal, loco, pero normal.

Un consejo, si ve un dragón en el salón o duendecillos de colores cortando flores en su jardín, disimule, no lo cuente.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Puede que ya estemos todos locos...Este mundo es una locura...la gente se ha vuelto loca??? no me extraña...de aquí a unos años todos locos de tanto pensar y pensar... este mundo es una LOCURAAA!!!!!

SALUDOS ALBERTO