No tuvimos la ocasión de conocernos de verdad, pero sí de hacernos amigos.
Juan Ramón Jiménez decía de su Platero: “es pequeño, peludo y suave, tan blando que se diría que es todo de algodón, que no tiene huesos” Zaya era mucho más, mirada noble y tierna, ojos del color humilde de la miel de azahar, obediente, cariñosa, de gustos caprichosos y temperamento tranquilo, una más de su familia y toda una señora, Zaya era un ser especial.
Recuerdo la forma peculiar de saludar cuando entrabas en casa, jugando, le respondía imitando su ladrido mientras me pedía una caricia con su enorme cabeza; me río yo de ese tal Platero, menudo burro.
Nos dejó un 21 de enero para ir al cielo de los perros.
Algunos dicen que las mascotas cuando mueren se convierten en estrellas y brillan en el cielo durante toda la eternidad, acompañando de este modo a sus amos donde quieran que estén, cuidándolos desde la distancia, otros dicen que se reencarnan en objetos o cosas que tenemos en casa y su espíritu seguirá con nosotros “por siempre jamás” como en los cuentos infantiles, algunos otros dicen que se reencarnarán en otro animal para esperarnos bajo otro rostro, otro nombre y otro cuerpo, que nos reconocerá cuando nos volvamos a cruzar de nuevo en el camino de la vida, y nosotros a ellos, quizás sea en esta vida o en otra. ¿Quién sabe dónde van los amigos cuando mueren? Nadie lo sabe, pero ella irá al cielo de los perros, estoy seguro.
Esta mañana, Hugo, su pequeño y zarrapastroso amigo, que tantos dolores de cabeza le dio, que tanto y tanto le ha hecho de rabiar, me ha preguntado por ella. No ha sido con palabras normales, ha sido con sus cosas de perros, ha olfateado el rincón en el balcón donde se tumbaba Zaya todas las noches y por toda la casa, al fin me ha mirado con sus ojos negros y brillantes. Su mirada decía que era un perro, que no podía llorar, pero que lloraba por dentro - Le echo de menos - me dijo. A decir verdad, no he sabido que decirle, ni como consolarle, todos estamos tristes y notamos su ausencia, pero su pequeño amigo creo que es quien más se acuerda de ella, para él era más que una amiga, era una madre. Le he acariciado la cabeza y ha movido el rabo distraído.
A decir verdad no se si nacerá una nueva estrella en alguna parte del firmamento, un árbol en mitad de un bosque o otro animal con su alma, pero si ella pudiera elegir estoy seguro que escogería de nuevo ser nuestra Zaya.
No se donde van los amigos cuando mueren pero, lo que es seguro, es que de cualquier forma, todos los perros van al cielo.
Adiós gorda, ahora puedes correr todo lo que quieras, y no te preocupes, nos volveremos a encontrar, estoy seguro.
Adiós gorda, ahora puedes correr todo lo que quieras, y no te preocupes, nos volveremos a encontrar, estoy seguro.
1 comentario:
Lo siento muxo, yo tmb he pasado por eso, y es que solo los que hemos o tenemos mascotas sabemos que no lo son, que son parte de nosotros y que los quieres como a cualquier persona que forme parte de tu vida.
Seguro que es una estrella que te alumbra, y que algun dia volvereis a estar juntos
un beso
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