miércoles, 3 de septiembre de 2008
Una de serrat...
Donde quiera que estés , te gustará saber que por flaca que fuese la vereda, no mal vendí tu pañuelo de seda por un trozo de pan, que jamás, por más cansado que estuviese, abandoné tu recuerdo a la orilla del camino y por fría que fuera mi noche triste no eché al fuego, ni un sólo de los besos que me diste.
Por ti brilló mi sol un día y cuando pienso en tí brilla de nuevo sin que lo empañe la melancolía de dos fugaces amores eternos. Donde quiera que estés te gustará saber que te pude olvidar y no he querido, por fría que sea mi noche triste no echo al fuego, ni un sólo de los besos que me diste.
Donde quiera que estés...si te acuerdas de mi.