miércoles, 17 de septiembre de 2008

...Voces oscuras que me llaman desde el otro lado

Me levanto todas las mañanas perdido, moribundo, haciendo un esfuerzo inhumano por levantarme de la cama, haciendo acopio de valor me lleno de vanas esperanzas, prometiéndome a mi mismo que quizás hoy, creyéndome que si me lo propongo, consiga no llorar, pero sucumbo en el intento, sobre todo por las noches, solitarias, frías, sin sentido.
Con paso lento, camino del trabajo, observo a las personas que arrastran sus sombras cargadas de sus vidas a cuestas, gente que mira con la indiferencia habitual que se pueden mirar a un desconocido, mientras esa losa pesada de mi espalda me atormenta más y más, haciendo imposible caminar, obligándome a arrastrar los pies por la acera en un inútil esfuerzo de asumir mi existencia, nadie se da cuenta que quien camina a su lado es un ser sin apenas vida en el cuerpo, un personaje exhalando su último aliento en un vago intento de aferrarse a un mundo que ya no pertenece, mientras las sombras le llaman desde la oscuridad invitándole a pasar al otro lado. Tal vez esta noche las escuche.
En es vago intento de devolverle la vida a este cuerpo moribundo he intentado volver a reír con los amigos, reflejarme en unos ojos, acercarme a la gente, buscar ese abrazo que tanto necesito para que me ayude la levantar este peso mortal, pero no lo encuentro, soy incapaz de acercarme a otro ser humano y no mostrar a un pájaro herido que ha olvidado volar, derrotado, vencido, asumiendo su suerte, esperando pacientemente que la muerte llegue y ponga fin a este dolor sombrío, vencido, aceptando mi sino, a medida que pasan las horas, el dolor aumenta en lugar de disminuir, indicando claramente la proximidad trágica de un destino cruel, el cual deseo que llegue lo antes posible y que cese el sufrimiento, desaparecer sin dejar el menor rastro de una vida que ha pasado por este mundo sin pena ni gloria.
Me pregunto si alguien se acordará de mí cuando ya esté muerto, tal vez uno, dos, tres, mi familia y poco más. Mi familia, siento el daño que causará mi partida, lo han dado todo por mi y nunca he tenido ocasión de agradecerles su aprecio, su paciencia, su esfuerzo, su amor incondicional, si leéis esto, gracias, que ya no tienen que preocuparse por mí, que estaré bien allá donde voy. Serán los únicos que me recuerden, los demás, el resto del mundo no se ha percatado nunca de mi presencia, mucho menos lo hará de mi ausencia, algunos ni recordaran que ya no estoy en pocas semanas, olvidarán mi nombre, transcurridos unos meses ni tan siquiera recordarán mi rostro, seguirán sumidos en sus vidas con más o menos sentido, tal vez alguno en algún momento se preguntará que fue de aquel tipo alegre y divertido que se volvió sombrío y oscuro, loco, y que desapareció, pero todos seguirán hacia delante, la vida sigue, no se detiene por nada ni por nadie, con el tiempo solo seré una nube borrosas de la memoria, una foto vieja, desteñida.
Sobrevivir, o tal vez sobremorir, la cara o cruz de la existencia humana, cuando apuestas todo el rojo y sale negro has perdido, no hay vuelta atrás, ni segundas oportunidades, aprendes a vivir con tu derrota o sucumbes en el intento de salir del pozo, hundiéndote más y más, te das cuenta que nunca tenías que haber probado lo hondo que era con los dos pies. Yo he sucumbido.
He intentado pedir ayuda, pero no la he encontrado, no se que camino coger, en ocasiones se abren ante mis ojos senderos que pueden conducir a alguna parte, pero por alguna razón me quedo quieto, esperando una señal que provenga de cualquier parte y me indique que es lo que tengo que hacer, señal que no llega nunca y que cada vez parece más distante.
Necesito una señal, una estrella que guíe mis pasos en la oscuridad en la que estoy inmerso, una señal o estoy perdido, tal vez esta noche escuche esas voces oscuras que me llaman desde el otro lado.