Hola mi pequeña flor, me acerco esta noche a contarte algo, algo entre nosotros, algo que ya sabemos aunque nos pese, una cosa más a compartir a solas en esta sin razón, en honor de lo que es nuestro, incluso a nosotros, sin lo cual un servidor, dentro de mi humildad, no existiría.
No sé por donde empezar pero como siempre intentaré ser sincero.
Tengo una espinita clavada, algo así como una pena, pero no es pena realmente, no propiamente dicha, es una especie sentimiento que augura malos tiempos, tempestades y tormentas, esos malos tiempos que siempre acompañan a las lágrimas y al dolor, siempre sucede, tan solo espero que esta sensación no sea más que un grito de auxilio del subconsciente que intenta buscar algo que está esforzándose por encontrar y no alcanza a verlo, a notarlo, a sentirlo cuando le miras. Ya lo sabes mi niña, he saltado al vacío, sin pensarlo, impulsado por el corazón y por tu cuerpo llamándome desde el otro extremo de la habitación, tal vez por eso me ahogue, y no por falta de espacio, más bien por exceso.
Tengo que confesarte que he sido imprudente, demasiado imprudente, juré una y mil veces después de aquel fatídico tropiezo que jamás volvería a ser imbécil, pero me puse de nuevo el traje ese que tan bien me sienta y tanto daño me hace, me he subido a lo más alto, con los ojos vendados, intentando confiar, retando a la gravedad, confiando en mi instinto, en mis sensaciones, en mis sentimientos, en mi corazón, todo en un vano intento de buscar la felicidad, y la ansiada calma, quería volver a sentir, a enamorarme, cuando tienes el corazón de par en par y medio oxidado no es fácil. He subido al trapacio, sin red, de nuevo sin red, y me he visto a mi mismo dando saltos mortales. En ocasiones creo que mi destino es saltar, probar lo hondo que puede ser el río con los dos pies, sabiendo que si es demasiado profundo no podré hacer otra cosa que hundirme. Ahora me encuentro justo en la mitad, al agua corre a mi alrededor por todas partes y no sé donde agarrarme, busco tu mano para mantenerme a flot, pero no la encuentro. No sé a ciencia cierta que dirección tomar, hacia donde nadar, si resguardarme en cualquier orilla a esperar algo, tal vez que baje la marea o pase una barca, intento mantenerme a flote buscándote sin encontrarte ¿Dónde te has metido? ¿Dónde te olvidaste de mí?
He intentado existir no dependiendo de ti, tratando que no dependas de mí, no necesité nunca siquiera que me admirases, incluso detesté la necesidad de que me quisieras o no, no intenté que me necesitaras, no corté jamás tus alas, solo me he conformado con que me quieras o no, pero me hundo sin más remedio, en soledad. Dejaré de ocupar ese espacio en tu vida, al fin cancelaré la postura de víctima para que no me tengas pena. Sé que lo mejor sería intentar nadar, mantenerme a flote como sea, dejar que la corriente me lleve hacia un lado o hacia el otro, dejarme llevar, disfrutar del baño, espera a ver que acontece, esperar que algún día me quieras o no, esperar lo que tenga que venir, pero me cuesta, o mejor dicho, simplemente no puedo hacerlo, no se nadar.
En algunas ocasiones creo que es una maldita sombra del pasado que vuelve oscura como una piedra para arrastrarme al fondo, intento nadar, sacar la cabeza del agua y respirar, pero no lo consigo, me ahogo sin más remedio, tan solo en ocasiones aparece tu carita sonriente rescatándome mientras tu voz me pide “esperar” Esperar, solo eso, todo llega a quien sabe esperar, solo esperar, pero esperar duele, casi tanto como olvidar, pero mi sufrimiento es no saber que decisión tomar, aunque mientras escribo estas líneas estoy seguro que me estoy equivocando, pero no puedo evitarlo, no dejo de sentir a mi alrededor una atmósfera en suspensión, como si estuviese esperando que algo ocurra, pero una cosa sé pequeña flor, te lo dije hace tiempo, fue demasiado pronto. Desconozco desde donde vendrás, hacia donde irás, ni cuando regresarás, solo sé que te estaré esperando hasta el día que no pueda esperarte más porque habrás llegado, y podré decir que viniste al fin, algunos dirán “tuvo suerte” otros dirán “ha metido la pata hasta el fondo” pero ni los unos ni los otros comprenderán que esperar me salvó, más como sobreviví, solo tú y yo sabremos mi niña, que supe esperar como nadie esperó.
Adiós mi niña, y si alguna vez la vida te maltrata, acuérdate de mi, que no puede cansarse de esperar aquel que no se cansa de mirarte, como la tierra seca espera la lluvia, pero con el amor pasa como con la rabia, lo que se aplaza, se pierde
No tendré más resumen de mi vida que tan solo dos palabras"confiar y esperar"