Yo nunca he estado satisfecho con quien era, con lo que la existencia me ha dado, después de todo, siempre he sido un poco distraído, dirigido hacia donde la naturaleza o eso que llaman destino ha pretendido que estuviera, dejándome un poco llevar por mi instinto, sin explotar mi propio potencial, tratando de ser aquello que los demás quisieron que fuera, no hay nada más insatisfactorio, entonces es la lógica quien dice "Quizás no sea suficiente” y la cabeza busca más de lo mismo. Es entonces cuando me detuve y comencé a mirar enderredor para darme cuenta que todo el mundo es absurdo, aparecen con una máscara estúpida que está sonriendo, que se ve feliz, y todos están engañando al resto que también nos engaña a nosotros, incluso yo también me muestro con máscara, así los demás piensan que soy más feliz de lo que en realidad soy, me creo que los demás me ven feliz como la hierba que se ve más verde del otro lado de la cerca. Miran mi hierba y se ve más verde, más espesa, mejor, pero cuando te acercas comienzas a ver que no es así en casi todos los jardines, pero la gente, incluso uno mismo, somos tan imbéciles que mantenemos a los demás a distancia, amigos, amantes, les mantenemos a distancia el uno del otro, mucha cercanía sería peligrosa, podrían ver la realidad, que este jardín no es tan verde, y yo, que he sido tan mal orientado desde el mismo principio, confundo lo que persigo que no es otra cosa que la felicidad, la veo en alguien con mucho dinero y pienso “quizás traiga la felicidad,” miro a esa persona que alegre parece con su dinero y corro tras el dinero. Alguien es más saludable, corro tras la salud, alguien está haciendo algo, lo que sea, y parece muy contento, yo persigo eso. Pero una cosa aprendí, en eso de ser feliz, siempre, absolutamente siempre, eran los demás, y ni decir tiene que con el amor tres cuartos de lo mismo, me dice “sígueme aunque mis caminos sean caminos son absurdos y penosos” y allí va un servidor, me habla y yo creo en él, pese a saber por experiencia que aunque sea una paloma bajo su plumaje esponjoso esconde una espada, aunque sepa que derribará mis sueños como una ráfaga de viento que azota mi jardín., haciéndote crecer y florecer, la misma mano que te podará.
Humildemente, nunca he estado capacitado para dirigir el curso del amor, me doy cuenta que no el amor no me considera digno de sí, aunque dirigirá por el camino de la vida, pero voy entendiendo los secretos que encierra, no da más de sí mismo y no toma más que de sí mismo, que los dos corazones tienen que latir al mismo compás, que el amor es libre y no posee nada y no quiere que nadie lo posea, que el amor se sacia con amor y despierta cada amanecer cuando tu despiertas, agradecido por un día más, cuando declina el día regresa al hogar, durmiendo luego con una plegaria, si no, si no es real y no merece la pena.