Hola querida flor, aquí estoy de nuevo, con las primeras líneas de cada noche suplicándote algo de inspiración ¿Empezamos? Le parecerá una tontería le que escriba ya que nunca leerá esto, bueno, o tal vez sí, pero todo se olvida, supongo que debe ser así, hasta la cosas que creemos importantes desaparecen de nuestra vida y muchas sin dejar apenas rastro, tan solo un borrón de un recuerdo, puede que hasta yo mismo termine olvidando que he escrito estas líneas, que son para ella, o tal vez solo sean para ti, o incluso par ami, como el cantante que aclara su voz antes de un concierto. Querida flor, es una desconocida a la que veo a diario, con mis cosas de locos ya sabes, pero no puedo evitar sentirme vivo cuando su sonrisa ilumina mi día, y, si te soy sincero, pese a que a veces siento un impulso de abrazar con fuerza, no me importa demasiado no hacerlo, es raro, lo sé, pero me duele y disfruto al tiempo que estoy cerca, aunque estar sin tocar, sin tener, desde la distancia que nos separa, centímetros tan solo que parecen kilómetros ¡Qué tontería! ¿Verdad? Todos los días, hasta hay días en que temo echar de menos. Sí querida flor, lo sé, una y mil veces, me lo has dicho desde el primer momento, no es real, todo es ficción, olvida ese sin sentido, es cuestión de tiempo que te bajes de la nube de fantasía y apartes de la mente para siempre ese algo irreal, pero no quiero escucharte, no quiero hacerte caso, de nuevo hago oídos sordos a tus consejos, como aquella vez que metí la pata hasta el fondo ¿Recuerdas pequeña flor? Claro que te acuerdas, te eché a un lado y luego volví como un perro herido, apaleado, con rabo entre las piernas en busca de consuelo. No sé, déjame intentarlo otra vez, tendré más cuidado esta vez, lo prometo, pero deja que sienta que sigo sintiendo y que piense que será lo que tenga que ser…
Desde aquí, desde el otro lado del cristal del mundo de los locos, observo cada detalle, aprendo de ella cuando no observa. Sus gestos ya son familiares, más míos cada vez, hasta puedo encontrar su mirada entre un montón de gente con tan solo pensar en su nombre. La forma de caminar ya forma parte de las personas que reconocerías entre un millón por la calle, desde un kilómetro, como agacha la mirada cuando se siente avergonzada me chifla aún más, siempre que se piense que aún se puede estar más loco. Lo que me gusta más es cuando se muerde el labio mientras da vueltas a algo en su cabeza, y lo que más me divierte es como se cierran sus ojos cuando ríe, es una risa atronadora que si me paro a pensar llegaría a resultarme vulgar, pero por algún motivo, lo inunda todo y con eso, hasta el momento, creo que me sobra, bueno, en realidad no es que me conforme con las migajas que supone compartir aire y espacio, me gustaría mucho más, pero para que no pierda la magia y no deje de ser algo divino, es mejor que no sea real. Otra locura ¿Verdad? Sí, debe ser cosa de locos.
A veces me fascina como ladea su cabeza cuando hay algo que le disgusta, no sé, serán tonterías, o locuras que seguro que no dejan de serlo, pero cada vez siento con más claridad que sería capaz de acostumbrarme a ella todos los días, y pese a que miro en sus ojos casi a diario, los suyos no me ven, tan solo miran sin verme, como si fuera tan solo aire. No se quien es, eso si, se que haría mil payasadas para que no desapareciera su risa, y eso me preocupa.
Puede que la locura la produzca yo, últimamente dejo entornada la puerta, pero nunca abierta, pero no la cierro a su paso, quiero que siga entreabierta, por si tiene que salir, que no haga ruido al marcharse.
Tengo que confesarte querida flor que no tengo miedo, pero no se si voy o vengo, si estoy dentro o fuera, simplemente estoy, allí o aquí, sin porvenir, sin mañana, tan solo busco el día a día, ese puntito especial por el que dormir a pierna suelta y desear tener un sueño bonito, tal vez sueñe con ella.